El Jardín Wagasa - Mitología de mi propia cosecha.

Contexto: Estuve rebuscando en cosas que ya había escrito y encontré este pequeño relato que hice, para darle trasfondo a una zona en concreto de una de mis historias. Es un jardín de wagasa (paraguas), un jardín de sombrillas de papel de colores. Algunos están suspendidos en el aire formando un camino cubierto multicolor y otros hacen un recorrido serpenteante en el suelo, que forman como un campo de flores gigantes. De esa forma creé una leyenda o mito, para que ese jardín tuviera un significado y no solo porque a mi me diera la gana de que existiera xD 




El Jardín Wagasa

Kangakki era hijo del Dios del Viento. El joven Kangakki, lleno de curiosidad, viajó al mundo humano y recorrió valles, cuevas y montañas; enfureció al mar con sus atronadores suspiros y  jugueteó con la copa de los árboles obligándolos a inclinarse ante su paso, pero lo que más satisfacía al muchacho, era cantar a las flores silvestres en altas colinas y así, con el danzar de las flores, poder llevarse consigo su perfume. 

Un día en el que el joven Kangakki se divertía soplando dentro de una pequeña cueva, escuchó una suave melodía que acompañaba a sus aullidos. Sorprendido, buscó con ahínco la procedencia de aquella mágica melodía. Se elevó en el cielo y emitió un fuerte rugido esperando respuesta. Pronto pudo escuchar como aquel embriagador sonido lo acompañaba de nuevo en su canto. 

Fue entonces cuando no muy lejos, divisó la figura de una joven en lo alto de una colina; cuanto más se acercaba a ella, más armonioso era el sonido. Aquella voz lo atraía y embaucaba sin poder evitarlo. 

Kangakki, siempre lleno de curiosidad y osadía, se acercó más y vio a la joven Ayane que, sentada sobre la mullida hierba en lo alto de la colina, pintaba con acuarelas y tinta en hermosas sedas.

El joven Kangakki, se quedó prendado de su belleza, de sus pinturas y su voz, e iba cada día a la colina a la espera de la llegada de la hermosa Ayane. Kangakki intentaba cantar para ella, pero la joven era incapaz de escucharlo. Ella siempre cantaba hasta el anochecer bellas canciones para el caprichoso viento que le mecía los cabellos. 

Solo los días de fuerte viento y lluvia, la voz de Kangakki resonaba por la colina con la suficiente fuerza como para que Ayane pudiera escuchar sus palabras de amor, pero la joven nunca acudía a la colina en los días lluviosos. 

Fue así que, Kangakki, deseoso de poder confesarle su amor, fabricó con las sedas que Ayane había pintado y unas ramas de bambú, un wagasa, para que ella pudiera cobijarse y acudir los días de lluvia. Kangakki lo dejó incrustado al pie de la colina como obsequio y muestra de amor.

Uno de los días más lluviosos y de fuertes vientos, Ayane acudió con el wagasa a la colina y Kangakki, cantó con todas sus fuerzas. El fuerte viento que se levantó elevó a la joven en el aire, y Kangakki la sujetó. El hijo del viento cantó para ella y Ayane se quedó prendida y enamorada de la voz y el cantar de Kangakki. Unidos por el wagasa, ahora los dos cantan juntos y enamorados bajo la lluvia. 

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Tradición de enamorados: Dicen que si haces un wagasa con tus propias manos pensando en el amor (verdadero) con compasión, respeto y dulzura, y lo entregas como ofrenda a estos dos enamorados te ayudarán a encontrar tu amor verdadero. La gente dejan los paraguas en la colina como ofrenda a los enamorados (hijo del Dios del viento, Kangakki y Ayane) para que los guíen en su búsqueda del amor verdadero. También que, si el wangasa se lo lleva el viento es que irá en busca de tu alma gemela y esta regresará a ti montado sobre el wagasa. 

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Deseo que te guste. 

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